El “ojo seco”: Un verdadero dolor de cabeza

En pleno siglo XXI, donde los dispositivos de pantalla “brillan” por su permanente colaboración con el trabajo y el ocio de casi todas las personas, los síntomas de cansancio visual, ardor, variación en la visión y otras percepciones similares, se han hecho predominantes en el diario vivir. Y no es para menos: según el DEWS 2017, 1 de cada 4 ó 5 personas tiene las manifestaciones que caracterizan a la enfermedad hoy mal llamada “Ojo Seco”. El DEWS 2017 define esta enfermedad como:

“Una enfermedad multifactorial de la superficie ocular caracterizada por una pérdida de homeostasis de la película lagrimal y acompañada por síntomas oculares, en los cuales la inestabilidad y la hiperosmolaridad de la película lagrimal, la inflamación y el daño de la superficie ocular, y las anomalías sensoriales  juegan un papel etiológico”

De lo anterior se deduce que, si no existen condiciones previas de daño en la superficie ocular (como quemaduras, infecciones, etc.) o anomalías de la sensibilidad de la superficie ocular, y, aún en presencia de ellas, el factor más importante es la inflamación de la superficie del ojo. En otras palabras, “Ojo Seco” se refiere sólo al nombre que se le puso hace muchos años pero que en realidad su diagnóstico y tratamiento se enfoca hoy en el control de dicha inflamación y por eso, el uso de los lubricantes oculares, cuyo desarrollo ha sido vertiginoso en los últimos años, adolecen de mayores efectos pues no están impactando en la base de la enfermedad sino solamente en uno de sus síntomas que es la sensación de resequedad.

Es muy común en mi consulta escuchar pacientes que se quejan de tener ojo seco y que han consultado a diversos especialistas, cada uno de los cuales les ha formulado versiones diferentes de lubricantes y a pesar de ello (con razones obvias pues nunca les han formulado anti inflamatorios) siguen empeorando.

El problema se acentúa al comprender que la enfermedad conlleva una reducción en la productividad escolar o laboral del paciente y a reducir su calidad de vida de manera importante con consecuencias económicas y sociales notables. El costo en términos de pérdida de productividad anual por paciente con Ojo Seco, se estima en unos USD 6.000 en Japón y USD 11.300 en términos de costo social en Estados Unidos, según los análisis expuestos en la revisión epidemiológica del DEWS II (2017).

El manejo y el tratamiento de esta enfermedad se orienta principalmente al mejoramiento y utilización de los algoritmos clínicos disponibles, los cuales son bastante eficientes ya que se fundamentan en una simple recopilación de datos sintomáticos (OSDI) y que no requieren de grandes esfuerzos paraclínicos o examenes diagnósticos elaborados. Del mismo modo, en la base del tratamiento debe establecerse una adecuada alimentación y suplementación, principlamente rica en Omega 3 y baja en Omega 6, la identificación y control de los factores de riesgo asociados, y el establecimiento de medidas de aseo palpebral, antes de  depender de lubricantes oculares y otros medicamentos. Un Oftalmólogo o un Optómetra adecuadamente actualizados, estarán en condiciones de acompañar el tratamiento ya que al tratarse de una enfermedad de larga duración,  la persistencia durante meses e incluso años, devolverá al paciente su confort ocular en prácticamente todas las actividades cotidianas.